El Santiago Bernabéu se cubrió de banderas para respaldar a Ceuta, pero la imagen de unidad quedó empañada por lo ocurrido apenas unos metros más allá. Antes del debut del Real Madrid en la Champions League, un grupo entonó consignas contra judíos y musulmanes que rápidamente saltaron de la calle a las redes sociales.
La tensión no había nacido alrededor del fútbol. La crisis migratoria que golpea a Ceuta, la ciudad española situada en el norte de África, había llevado seis días antes a unas 50.000 personas a una concentración en Cibeles y comenzó a proyectarse sobre el partido cuando circuló la versión de que la institución impediría ingresar con banderas españolas o ceutíes. El Real Madrid desmintió tajantemente aquella prohibición y las tribunas terminaron confirmándolo: la Grada Fans desplegó cartulinas con el escudo de la ciudad autónoma y recibió una ovación del resto del público.
En los alrededores, sin embargo, aquella reivindicación quedó contaminada por un discurso completamente distinto. En el video que se viralizó después del encuentro puede verse a varios jóvenes corear “Judío que veo, judío que pateo” y “España cristiana y no musulmana”. La primera consigna verbaliza una amenaza de agresión por motivos antisemitas; la segunda utiliza el conflicto fronterizo para excluir a los musulmanes de la identidad nacional. Hasta el momento, ni la entidad blanca ni las autoridades comunicaron si abrirán una investigación para identificar a los participantes.
El episodio encuentra al Real Madrid con un antecedente demasiado reciente. El 25 de febrero, antes del encuentro de Champions contra Benfica, la transmisión televisiva captó a un socio realizando reiteradamente el saludo nazi desde la grada de animación. La seguridad lo identificó y expulsó inmediatamente, mientras la institución anunció la apertura de un procedimiento para retirarle esa condición y condenó públicamente cualquier expresión capaz de incitar a la violencia y al odio.
La rápida intervención no evitó el castigo europeo. La UEFA multó al conjunto blanco con 15.000 euros y ordenó el cierre de 500 localidades contiguas de la tribuna sur inferior durante su siguiente partido continental como local. La clausura quedó suspendida por un año, pero podría hacerse efectiva si el organismo considera que existe una nueva infracción racista o discriminatoria durante ese período.
El video más reciente fue grabado fuera del estadio y esa diferencia resulta determinante: no activa automáticamente la sanción ni permite responsabilizar directamente a la entidad. Cualquier consecuencia dependerá de que la UEFA abra un procedimiento, determine quiénes participaron y establezca su vinculación con la afición local. Aun así, el antecedente convierte el silencio en una decisión delicada. El Madrid puede discutir el alcance disciplinario de lo sucedido sucedido en la calle, pero difícilmente pueda ignorar otra manifestación de odio surgida alrededor de una noche de Champions, según Urgente24.