Farah Abu Qneis no se atrevía a mirar su pierna izquierda. Entre una nube de polvo y escombros y en medio de un profundo dolor, solo escuchaba a su amiga gritar: “¡Tu pierna, tu pierna!”. Era la noche del 28 de junio de 2024, ambas estaban en casa de su abuela, en Deir al Balah, cuando una violenta explosión sacudió la zona. Poco después, esta joven de 23 años perdió el conocimiento. Fue trasladada en coche, en una camilla improvisada, al Hospital de los Mártires de Al-Aqsa, desbordado por la llegada masiva de heridos. Aunque necesitaba una intervención urgente, los médicos no pudieron operarla hasta dos días después debido al colapso del centro sanitario. Cuando le comunicaron que tendrían que amputarle la pierna, sintió que su mundo se derrumbaba.
Hoy, dos años después de esa noche, Farah vuelve a correr. Lo hace apoyada en una muleta, como una de las integrantes del equipo femenino de fútbol para personas amputadas de Gaza, donde ella y otras mujeres de entre 15 y 24 años que han perdido alguna extremidad reconstruyen su vida y sueñan con representar a Palestina en el Mundial femenino de esta disciplina, que se celebrará en 2027.
Farah llegó al equipo de casualidad. A principios de 2026, mientras trataba de adaptarse aún a su nueva realidad, la esperanza surgió en un lugar inesperado. Navegando por las redes sociales, vio un anuncio sobre la creación de un equipo de fútbol para mujeres con amputaciones.
Semanas después, su incorporación se produjo casi por casualidad. Al regresar de una sesión de fisioterapia, se cruzó por la calle con el entrenador Fouad Abu Ghalyoun, que la invitó directamente a unirse al equipo femenino oficial de la Asociación Palestina de Fútbol para Personas Amputadas, una entidad fundada en 2018 para atender a personas amputadas de todas las edades. “Les ofrecemos un servicio dentro de un entorno deportivo y psicológico positivo, que les ayuda a recuperar la confianza en sí mismas y su capacidad para integrarse en la sociedad”, afirma Abu Ghalyoun, que también dirige la asociación.
Estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para entrenar y preparar a las futbolistas, y esperamos que se abran los pasos fronterizos para que puedan participar en competiciones internacionales y representar a Palestina
Fouad Abu Ghalyoun, director de la Asociación Palestina de Fútbol para Personas Amputadas
Historias como la de Farah reflejan una realidad cada vez más extendida en Gaza. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicadas en mayo, 43.000 de las 172.000 personas heridas en la Franja desde octubre de 2023 han sufrido lesiones que les cambiarán la vida, entre ellas unos 10.000 niños. Desde el último informe, publicado en septiembre de 2025, se registraron casi 5.000 lesiones adicionales. Cerca de la mitad se produjeron después de que se anunciara el alto el fuego en octubre de 2025.
Las lesiones graves en las extremidades son las más frecuentes y se han registrado más de 5.000 amputaciones. La atención a estos pacientes es muy limitada: de las 2.300 personas amputadas evaluadas entre septiembre de 2024 y mayo de 2026, solo 500 han recibido una prótesis permanente.
“Ningún centro de rehabilitación está plenamente operativo, hay menos hospitales que ofrecen rehabilitación especializada que antes del conflicto y más de 400 pacientes están en listas de espera para camas de rehabilitación especializada”, explicó por videoconferencia desde Jerusalén la especialista de la OMS Reinhilde Van De Weerdt, según recoge la agencia Efe.
Construir un sistema deportivo desde cero
Desde su creación, la Asociación Palestina de Fútbol para Personas Amputadas ha trabajado para desarrollar una estructura deportiva especializada en el fútbol para personas amputadas, con equipos juveniles, infantiles y femeninos, como parte de los requisitos exigidos por la estructura internacional de esta disciplina.
Un instante del entrenamiento del equipo de fútbol femenino para mujeres que han sufrido alguna amputación, en Deir al Balah, en la franja de Gaza, el 18 de junio de 2026.
El equipo de fútbol para personas amputadas le ha ofrecido cierta estabilidad emocional en medio de una realidad marcada por la incertidumbre. “Me uní al equipo hace un mes y medio para intentar olvidar todo lo que vivimos durante la guerra, para tener una forma de liberar todo lo que llevo dentro y también para representar a Palestina y transmitir el mensaje de que la discapacidad no impide que una persona logre lo que desea”, afirma Malak.
Cuando juego me siento cómoda y tranquila, con energía y fuerza
Malak Touman, portera
Malak no ha recorrido este camino sola. Encontró un firme apoyo en su familia, que la animó desde el principio a unirse al equipo. Eligió jugar como portera, una posición en la que ha ido mejorando. “Al principio no jugaba bien, pero con el tiempo fui aprendiendo más y empecé a entender mejor cómo atacar y cómo controlar el balón”, añade. “Nos apoyamos y nos motivamos unas a otras todo el tiempo, y eso nos hace más fuertes”, afirma. “Cuando juego me siento cómoda y tranquila, con energía y fuerza”.
Entrenar con los pasos fronterizos cerrados
Actualmente, las jugadoras entrenan en un campo de Deir al Balah, en el centro de la franja de Gaza, donde 13 mujeres reciben una sesión semanal de entrenamiento sobre los fundamentos del fútbol para personas amputadas, mientras la asociación se prepara para incorporar a unas 23 jugadoras más en los próximos meses.
Ghalyoun señala que el fútbol femenino para personas amputadas está creciendo rápidamente en todo el mundo y destaca un importante hito internacional: la Copa Mundial Femenina de Fútbol para Personas Amputadas, prevista para 2027. “Estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para entrenar y preparar a las futbolistas, y esperamos que se abran los pasos fronterizos para que puedan participar en competiciones internacionales y representar a Palestina”, afirma.
Sin embargo, el camino hacia la competición internacional sigue lleno de obstáculos. A las dificultades provocadas por las consecuencias de la guerra, se suman la escasez de campos de entrenamiento, las dificultades de transporte y la falta de recursos deportivos.
Para Abu Ghalyoun, el mayor desafío al que se enfrentan sus jugadoras no reside únicamente en la preparación técnica, que limita los entrenamientos a una sesión semanal, sino también en la posibilidad de desplazarse para participar en torneos y competiciones clasificatorias internacionales. “Tenemos compromisos internacionales y la responsabilidad de representar a Palestina, pero la pregunta es: ¿podremos salir para participar en las eliminatorias o en los torneos clasificatorios?”.
Desplazada en cuatro ocasiones desde el inicio de la guerra, Farah, natural de la Ciudad de Gaza, vive ahora en un refugio en el centro de la Franja junto a su padre, su madrastra y sus cuatro hermanos. Su mayor sueño no difiere mucho del de todas sus compañeras: representar a su tierra en el escenario internacional y hacer oír su voz en todo el mundo. “Espero que se abran los pasos fronterizos, que podamos seguir entrenando y representar a Palestina en el Mundial”, informó El País.