El Mundial aún no ha empezado y las políticas migratorias de la administración del presidente Donald Trump ya complican seriamente su desarrollo. El que probablemente sea el evento deportivo más importante del mundo, tras los Juegos Olímpicos, está seriamente condicionado a la prohibición de entrada a Estados Unidos de determinados ciudadanos extranjeros. La gran mayoría, de países africanos y asiáticos donde el Islam es la religión predominante.
El país persa está vetado allí. A la guerra entre ambos países en Oriente Medio se le suma las fuertes tensiones que mantienen desde hace décadas. Y, aunque el deporte siempre había logrado una especie de armisticio para el correcto desarrollo de sus competiciones, esta vez la FIFA ha pinchado en hueso. Trump es inflexible e Irán tendrá serias limitaciones para disputar el Mundial.
Por el momento, la selección persa se ha instalado en Tijuana, México, en lugar de en Arizona como tenía previsto. Los hispanohablantes también ejercen de anfitriones en el Mundial, junto a Canadá, e Irán ha aprovechado este pequeño salvavidas para instalar su cuartel general en el país vecino. Aunque los iraníes tendrán que viajar a Estados Unidos para disputar sus partidos.
La administración Trump ha limitado la permanencia de la delegación iraní con visas de menos de 24 horas, lo que obligará a los futbolistas a entrar y salir de territorio estadounidense el mismo día de los partidos. Una medida que atenta contra el espíritu deportivo, según denunció el embajador de Irán en México, Abolfazl Pasandideh: «Puede ser una desventaja, los viajes duran horas, generan cansancio y complican la coordinación». Es más, ni siquiera todos los integrantes de la delegación iraní tienen el visado. A fecha de hoy, una quincena de ellos sigue esperando el visto bueno de las autoridades estadounidenses.
Irán es uno de los 17 países cuyos ciudadanos tienen la entrada prohibida a Estados Unidos. En ese listado también se encuentran Haití y la República Democrática del Congo, que participan en el Mundial y, al igual que Irán, disputan sus partidos en suelo estadounidense. Otros quince, además, tienen limitaciones de entrada. Todos ellos, salvo Cuba y Venezuela, son africanos y asiáticos y su religión predominante es el Islam. En esta otra categoría se encuentran Costa de Marfil y Senegal, otros países que estarán presentes en el Mundial. En este caso, sus futbolistas no corren 'peligro' pues los atletas en esta segunda categoría están exentos de restricciones.
Cacheos a los futbolistas
El departamento de aduanas de Estados Unidos tiene mucho trabajo estos días. Las 48 selecciones que disputarán el campeonato ya están en territorio americano y a su llegada se han vivido situaciones inusuales en este tipo de acontecimientos. Por ejemplo, con Senegal. La delegación del país africano aterrizó este lunes en Carolina del Norte y sus miembros tuvieron que soportar exhaustivos cacheos.
Desde el avión grabaron lo ocurrido y el vídeo ya se ha viralizado en las redes sociales. «La delegación senegalesa recibe este trato al llegar a EE UU. Registros completos en la pista de aterrizaje, zapatos quitados, bolsos vueltos del revés como si fueran criminales... Esto es humillación pura y una vergüenza. Nunca someterían a chicos blancos al mismo trato», denunció un usuario en X.
Casi al mismo tiempo se producía una situación similar en las inmediaciones del estadio de Icahn, en Nueva York. La policía utilizó perros y detectores de metales para revisar las mochilas de los jugadores de Uzbekistán, que se enfretaron a Países Bajos en un amistoso de preparación para el Mundial.
Pero las medidas migratorias de la administración Trump afectan también a los colegiados. Omar Abdulkadir Artan, árbitro somalí que debía dirigir la fase final del Mundial, se ha quedado en su país porque Estados Unidos le ha denegado la entrada.
La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE UU ha confirmado que el motivo han sido problemas con su visado. Somalia es uno de los numerosos países cuyos ciudadanos están vetados en Estados Unidos.
Omar Abdulkadir Artan debía ser el primer árbitro somalí en dirigir en una fase final de la Copa del Mundo. Con 34 años formaba parte de los 52 hombres de amarillo seleccionados para llevar el silbato en el Mundial. Con estatus FIFA desde 2018, Artan arbitra en la liga somalí y fue nombrado mejor árbitro del año por la Confederación Africana de Fútbol (CAF) en 2025, informó Diario El Correo.