Kenneth Faried llegó a la Euroliga como un terremoto. Pisando fuerte, como lo ha hecho durante toda su carrera. El mote de Manimal no es baladí. “Soy yo. Yo soy él. O sea, mitad hombre, mitad animal”, explicaba en una entrevista concedida a Michalis Gioulenoglou en Eurohoops. En ella habla de una faceta más personal. De los problemas que ha tenido que sufrir por su religión o de la depresión que ha tenido en el pasado en momentos en los que su carrera no iba tan bien como esperaba.
Ahora, en el Panathinaikos, es feliz. Ha jugado 24 partidos, 12 de titular, con promedios de 6,3 puntos y 4,5 rebotes en la Euroliga. En noviembre, el primer mes que se puso la camiseta del equipo griego, fue nombrado MVP de la competición europea. Estamos hablando de un jugador que fue oro mundial con Estados Unidos en 2014 siendo titular en aquella selección y acabando en el mejor quinteto del torneo. También fue seleccionado en el mejor quinteto rookie de la NBA en 2012. Pero tras 496 partidos en la mejor liga del mundo, ha tenido que buscarse las habichuelas en otros lugares del mundo y la lista no es pequeña: China, Puerto Rico, México, Venezuela o Taiwán han sido algunos de esos destinos.
Faried llegó a pensar seriamente en su futuro profesional, a dudar de sí mismo como jugador de baloncesto. A sufrir una depresión: “La depresión es algo difícil de afrontar, como para cualquiera. Como dije, antes estaba deprimido, sobre todo porque quería jugar. Sabía que podía jugar a este nivel. Solo sabiendo que puedes jugar a este nivel, y sabiendo que tú mismo, y quizás tu familia, tus agentes o tu círculo cercano, todos saben que puedes jugar a este nivel. Hay una diferencia entre salir, demostrarlo y tener una oportunidad, y sentirte deprimido o porque sientes que no puedes jugar a ese nivel o ni siquiera eres digno de volver a estar a ese nivel”.
Su llegada a Atenas lo ha cambiado todo para él: “Poder volver a jugar en este nivel me ha ayudado mucho. Simplemente manteniendo mi fe, manteniéndome fuerte y teniendo paciencia, porque eso es fundamental en el Islam en general y en la vida. Si tienes paciencia, si sigues trabajando, si sigues haciendo las cosas pequeñas, si sigues esforzándote, si sigues poniendo mucha energía y siendo una buena persona, el universo te recompensará enormemente. Y siento que, estando aquí en el Panathinaikos, esa tremenda recompensa está empezando a llegar”, informó el diario As.
En la entrevista también recuerda un etapa lejana de su vida en la que le tocó sufrir el rechazo de los demás por su religión. Faried es musulmán y, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, tuvo que vivir en un ambiente muy hostil: “De niño, me criticaban por ser musulmán, sobre todo en Estados Unidos, sobre todo después del 11-S, ese trágico accidente. Se culpó mucho a Irak, y luego a nuestra religión, a quienes seguían la fe islámica. Mucha gente me criticaba o me atacaba. Pero eso me hizo más fuerte”.