Desde hace nueve años, la participación de sijs e hindúes ha permitido construir o rehabilitar más de 165 mezquitas en el estado indio de Punyab. Estas iniciativas devuelven a los musulmanes lugares para la oración, al tiempo que mantienen viva una tradición de coexistencia entre las distintas religiones de la región.
Un reportaje de la periodista Cheena Kapoor, publicado el 28 de octubre por el diario británico The Guardian, destaca, entre otros casos, la historia de la aldea de Jakhiwal, en el distrito de Fatehgarh Sahib.
En Jakhiwal, una familia sij dona un terreno para construir una mezquita.
A sus 87 años, Gajju Khan espera poder volver a escuchar el 'Azan'*—la llamada musulmana a la oración— resonar en su aldea antes de que termine su vida. La mezquita aún está en construcción y su financiación proviene casi en su totalidad de los habitantes sijs e hindúes de Jakhiwal.
La aldea cuenta con 18 familias musulmanas. Hasta ahora, sus miembros debían recorrer cuatro kilómetros hasta otra localidad para poder realizar sus oraciones en una mezquita.
La contribución de Bibi Rajinder Kaur, una habitante sij de 77 años, resultó determinante. Ella convenció a su nieto para que donara una parcela de sus tierras agrícolas, permitiendo así la construcción del lugar de culto.
Bibi explica que las otras comunidades ya disponían de un espacio donde reunirse, a diferencia de los musulmanes de la aldea. Para Gajju Khan, esta solidaridad tiene un significado especial. Durante la violencia intercomunitaria de la partición de 1947, sus vecinos sijs protegieron a sus hermanos y a él mismo. Sus padres habían muerto en su aldea natal.
Habitantes hindúes y sijs también participan en otros proyectos.
En Punawal, en el distrito de Sangrur, Jaspal Sharma —miembro de una familia de sacerdotes hindúes— también cedió una parte de su terreno para la construcción de una mezquita. Con motivo de su inauguración, en febrero, organizó una comida a la que fueron invitados todos los habitantes de la aldea.
Esta localidad cuenta con unos 550 hogares, de los cuales solo una pequeña proporción es musulmana. Hindúes y sijs han participado en el proyecto según sus posibilidades: algunos han donado dinero, mientras que otros han aportado ladrillos y cemento.
En Umarpura, en el pueblo de Malerkotla, dos hermanos sijs también han contribuido a la restauración de un lugar de culto local. Para Sukhjinder Singh Pandher, este gesto forma parte del respeto por la historia familiar y los vínculos entre vecinos. Él destaca que los musulmanes y los sijs celebran juntos el Eid y el Gurpurab, la principal festividad religiosa sij.
Una tradición de coexistencia a pesar de las divisiones
El reportaje recuerda que la partición de la India británica, en 1947, sacudió profundamente al Punyab. La región quedó dividida entre la India y Pakistán, lo que provocó violencia intercomunitaria y desplazamientos masivos de población. En la parte oriental del Punyab, en la India, muchas mezquitas fueron abandonadas, dañadas o transformadas en almacenes y refugios para el ganado.
Durante la última década, varias comunidades rurales sijs e hindúes han emprendido la restauración de estos lugares de culto. En algunos pueblos, incluso donde no hay población musulmana, los habitantes invitan a trabajadores agrícolas y líderes religiosos musulmanes de las localidades vecinas a acudir a rezar, informó The Guardian.
Según el reportaje, estas iniciativas fueron impulsadas por el antiguo gran imán del Punyab, Maulana Habib-ur-Rehman Sani Ludhianvi. Su sucesor, Maulana Muhammad Usman Rehmani Ludhianvi, señala que, si bien las divisiones son muy visibles en Internet, en los pueblos los habitantes siguen optando por la solidaridad y la protección mutua. Estas acciones ilustran, pues, la voluntad de ciudadanos de diferentes confesiones de preservar los lugares de culto y los vínculos vecinales, más allá de las diferencias religiosas.