En un barrio de mayoría musulmana de Coimbatore, en Tamil Nadu, un gimnasio exclusivo para mujeres —dirigido por la entrenadora y levantadora de pesas Shabana— atrae a mujeres de toda la zona.
El centro les ofrece un espacio poco común donde pueden hacer ejercicio, aprender sobre nutrición y centrarse en su salud.
Shabana cuenta que la idea de abrir el gimnasio surgió a raíz de su propia lucha contra la obesidad y la falta de centros de acondicionamiento físico exclusivos para mujeres. «Llegué a pesar más de 140 kilos. Buscamos un gimnasio en nuestra zona, pero no encontramos ninguno que fuera solo para mujeres. Así que busqué uno para mí y, más tarde, terminé trabajando allí como entrenadora», relata.
Su camino no fue nada sencillo. Solo cursó hasta el séptimo grado y, a los 19 años, tuvo que enfrentarse a graves complicaciones de salud que la llevaron a pasar por seis o siete operaciones, incluida la extirpación de la vesícula biliar. «Me aislé de todo el mundo. Me quedé en casa. Mi marido me apoyó en todo momento», recuerda.
Tras trabajar como entrenadora durante varios años, puso en marcha su propio centro. Shabana atribuye el mérito a su marido y a su familia, gracias a quienes esto ha sido posible. «Si hoy he llegado hasta aquí, es en gran medida gracias a su apoyo», afirma.
Aunque el gimnasio está abierto a mujeres de cualquier procedencia, ha ganado especial popularidad entre las mujeres musulmanas, dado que la zona cuenta con una numerosa población de esta comunidad. El centro permanece abierto durante todo el día y su personal está compuesto exclusivamente por mujeres, según informó el portal digital indio Radiance News.
Las usuarias señalan que el gimnasio va mucho más allá del simple ejercicio físico. «Cuando vengo aquí, no se trata solo de ponerse en forma; también es una manera de liberar el estrés. Este lugar es como un segundo hogar», comenta una ama de casa.
Las mujeres también reciben asesoramiento sobre nutrición. «Solemos cuidar de nuestros maridos y familias, pero rara vez nos ocupamos de nuestra propia salud. Al venir aquí, nos dimos cuenta de que hay mucho que aprender sobre nutrición», explica otra de las socias.
Una de ellas logró perder 13 kilos tras haber pasado por tres cesáreas, entrenando siempre bajo una estricta supervisión. Al principio, ocultó a su familia que iba al gimnasio y les decía que salía a caminar. Tras ganar el primer premio en una competición de salto a la comba organizada en el centro, decidió contar la verdad. «¡Se alegraron muchísimo!», asegura. Las mujeres hacen ejercicio usando hiyabs y, en algunos casos, burkas. Las integrantes señalaron que esta vestimenta no les impide realizar sus rutinas de manera eficaz.
A diferencia de muchos gimnasios comerciales, este centro se basa principalmente en ejercicios realizados en el suelo, en lugar de utilizar máquinas costosas. «Todo el mundo cree que hace falta usar máquinas para perder peso. Eso no es cierto. La mayoría de los ejercicios pueden realizarse en el suelo», comentó Shabana.
Shabana también compite en halterofilia, deporte que practica desde hace cinco años. Cuando puso en marcha las instalaciones, se enfrentó a una fuerte oposición. «La gente me preguntaba cómo podía estar aquí sola, desde la mañana hasta la noche. Pero hice oídos sordos a lo que decían. Teníamos que seguir adelante y demostrar de lo que éramos capaces», afirmó.