En España hay 44 cementerios o espacios funerarios destinados a enterramientos musulmanes, aunque sólo 14 disponen de sepulturas libres, según un informe de la asociación Entierro Digno.
La asociación Entierro Digno denuncia además que tres comunidades autónomas (Extremadura, Cantabria y Castila-La Mancha) no tienen ningún espacio.
Se trata del primer mapa de cementerios musulmanes en España, donde este colectivo ya suma más de dos millones y medio de personas, aunque no siempre pueden despedir a sus seres queridos bajo las creencias del Islam en todo el territorio español.
La comunidad musulmana lleva años reivindicando su derecho a tener parcelas reservadas en cementerios municipales, tal y como fija el acuerdo de 1992 entre el Estado y la Comisión Islámica de España, una obligación legal que se incumple porque «ninguna administración sabe cuánta demanda existe ni qué capacidad queda libre», explica Maysoun Douas, presidenta de Entierro Digno.
Según el estudio de esta asociación, al que ha tenido acceso EFE, la mayoría de los 44 cementerios están en Andalucía (11), Cataluña (5) y Comunidad Valenciana (4), seguidos de los espacios funerarios que hay en Castilla y León y País Vasco (con 3 en cada comunidad). Asturias, Galicia, La Rioja, Murcia y Navarra cuentan con un cementerio cada una.
En Madrid, los dos espacios existentes no suman ninguna plaza operativa: tradicionalmente, el único cementerio musulmán estaba en Griñón, pero colmató en 2022, y el proyecto para habilitar una parcela de 15.000 metros cuadrados en el cementerio Sur-Carabanchel aún no se ha ejecutado.
Para la asociación, el primero de los casos demuestra cómo con una planificación anticipada se evita el déficit de sepulturas libres: desde 2016, el ayuntamiento ha ampliado su capacidad en cuatro fases sucesivas y ha construido 514 unidades de enterramiento (228 libres), «siempre por delante de la demanda», dice la presidenta de la asociación.
La ampliación del cementerio de Bilbao en 2023-2024 «no respondió a una crisis», sino que el consistorio reunió a las confesiones de la ciudad en la Mesa de Participación de la Diversidad Religiosa. De ahí salieron el diagnóstico de necesidades, el análisis de alternativas, la coordinación con la comunidad musulmana y la definición de soluciones. Este espacio cuenta con 2.240 plazas.
La asociación hace una estimación a nivel europeo y calcula que en España hay un cementerio por cada 60.500 personas. Solo Italia (con un espacio funerario por cada 116.000 ciudadanos) cubre menos demanda; por contra, Alemania (1/41.700), Bélgica (1/20.000), Francia (1/28.500), Reino Unido (1/27.900) y Países Bajos (1/16.700) están por debajo de España.
Según subraya el estudio, la primera generación migrante llegó a España entre 1990 y 2005, es decir, en la actualidad tiene entre 45 y 65 años, por lo que la demanda se multiplicará a partir de 2030–2035. «Quedan de cinco a ocho años para planificar en frío lo que, si no, se gestionará como crisis», alerta la presidenta de Entierro Digno.
79 kilómetros de media hasta el cementerio más cercano
Las familias que sí encuentran sitio para enterrar a sus seres queridos se topan además con otro inconveniente: los kilómetros que tienen que recorrer hasta la sepultura disponible más cercana para poder enterrar a sus difuntos.
Así, el informe subraya que en 673 fallecimientos al año la familia recorre más de 100 kilómetros y en 437 más de 250 kilómetros, además de que en 20 municipios su cementerio «de referencia» está agotado o no se encuentra operativo, y solo en 39 localidades hay una segunda alternativa documentada.
La asociación calcula que la distancia media hasta el cementerio islámico más cercano es de 79 kilómetros, de 96 kilómetros en los municipios sin cementerio propio y de 356 kilómetros 56 km en el peor caso.
Entierro Digno ha realizado un documental en el que a través de un recorrido por distintos cementerios del país, muestra la dificultad de muchas familias para despedir a sus seres queridos conforme a su fe.
El documental, que aún no se ha presentado al público pero sí lo han llevado a varios festivales, recoge las voces de comunidades, responsables institucionales y profesionales funerarios para mostrar cómo esta cuestión atraviesa lo espiritual, lo social y lo político. EFE