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Tuesday 06 de October de 2026
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Faysa Daoud, la palestina que transformó la experiencia del exilio en ayuda a refugiados en Brasil

Faysa Daoud, la palestina que transformó la experiencia del exilio en ayuda a refugiados en Brasil

Hija de refugiados palestinos de la Nakba, Faysa Daoud llegó a Brasil en 1978. Marcada por el exilio de su familia, convirtió esa experiencia en una misión: ayudar a otros refugiados a reconstruir sus vidas a través de la ONG que fundó.
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Hija de refugiados palestinos de la Nakba, Faysa Daoud llegó a Brasil en 1978

“Soy la quinta de diez hermanos y crecí en una familia que llevaba muy dentro el impacto del exilio y la memoria de Palestina”, explica Faysa Daoud, fundadora y presidenta de Refúgio Brasil, una ONG que ha ayudado y ayuda a cientos de refugiados en el país latinoamericano.

En 1948, sus padres se convirtieron en refugiados durante la Nakba, la “catástrofe” en árabe, cuando milicias y grupos sionistas desplazaron por la fuerza a unos 750.000 palestinos en el contexto de la creación del estado de Israel. “Huyeron sin saber adónde iban, dejando atrás su tierra, sus casas y a algunos miembros de su familia”, recuerda Faysa sobre sus padres. Durante el desesperado trayecto, su hermano mayor cayó de los brazos de su madre y sobrevivió.

Buscaron otra vida en Jordania, donde pasaron por campamentos de refugiados hasta que la familia se radicó en la ciudad de Zarqa. Durante todo ese tiempo, entre conversaciones familiares, visitas a las casas de sus tíos y viajes, Faysa comenzó a formar su identidad palestina.

“Mis padres también hablaban de familias separadas, de personas que fueron asesinadas y del miedo y la destrucción que llegaron a todo lo que habían construido a lo largo de sus vidas. La familia quedó dispersa, y cada parte fue a un lugar diferente, sin saber cuándo ni si regresarían”, relata en diálogo con TRT Español.

“Así entró Palestina en mi vida: no solo como la tierra de la que venían mis padres, sino como una memoria viva, una ausencia presente cada día y una parte de mi identidad de la que no puedo separarme”, agrega.

Años después, marcada por esa huella que atraviesa a los palestinos, buscaría cambiar el futuro de quienes también tuvieron que empezar desde cero, algo que ella calificaría como su “misión de defender a refugiados”.

De Jordania a Brasil.

“Recuerdo muy bien mi llegada a Brasil. Llegué al aeropuerto de Viracopos, en Campinas, en 1978. Tenía 18 años y estaba embarazada de mi primer hijo”, recuerda sobre el país donde siguió los pasos de su esposo. Él había migrado allí poco antes, buscando una nueva vida de trabajo y estudio.

“Todo era completamente nuevo. Miraba por la ventanilla del coche las carreteras y, aunque me sentía una extraña, me dije: ‘Dios mío, este lugar es tan hermoso’”.

Hubo desafíos, como el idioma. “No había ninguna escuela de portugués para mí y no entendía nada de lo que decía la gente”, recuerda Faysa, quien solo tenía un libro portugués-árabe prestado por una amiga. 

Pero lo más difícil, dice, fue estar lejos de su familia.

Faysa tenía que esperar horas en un centro telefónico para hablar con sus padres y, a la vez, se comunicaba con ellos por cartas que podían tardar un mes en llegar y luego otro mes para recibir una respuesta. “Era aprender a vivir lejos de mi familia”, añade.

Pero no se rindió y, poco a poco, comenzó a aprender portugués de las mujeres que trabajaban en la casa, de la televisión y con la meta de aprender 10 palabras nuevas cada día. “Cometía muchos errores de pronunciación e intercambiaba letras, y ellas se reían conmigo, pero nunca dejaron de enseñarme”, evoca. “En árabe, algunos de los sonidos que existen en portugués no existen, así que tuve mucha dificultad para pronunciarlos”.

Además, el nacimiento de su hijo la impulsó a esforzarse cada vez más. Llegó a comprender que “para vivir en una sociedad distinta de la mía, necesitaba conocer sus costumbres y respetarlas, del mismo modo que yo quería que los demás respetaran mi cultura y mis raíces”.

“La experiencia de ser refugiado pasa de una generación a otra”

Con el tiempo, se fue acercando a la diversidad de Brasil—desde la herencia japonesa e italiana hasta la comunidad árabe—, lo que le permitió conocer más sobre la cultura brasileña. A la vez, notaba que mucha gente sabía poco sobre sus propios orígenes.

“Cuando decía que era palestina, muchas personas ni siquiera sabían dónde estaba Palestina, o solo conocían Israel. Y eso me dolía profundamente. Sentía como si mi tierra y la historia de mi pueblo hubieran sido borradas u olvidadas”, reflexiona.

“Con los años, empecé a comprender que la experiencia del refugio no terminó en 1948”, explica, mientras hace referencia al Septiembre Negro y los enfrentamientos entre jordanos y palestinos, así como también las guerras de Siria e Iraq, que impulsaron nuevamente el desplazamiento de palestinos.

“Entendí que la experiencia de ser refugiado puede pasar de una generación a otra”, afirma. “Cuando vi a otras personas perder sus hogares, ser desplazadas y tener que reconstruir sus vidas, no pude permanecer indiferente. Mi propia experiencia me hizo sentir la responsabilidad de ayudar a quienes estaban pasando por lo que yo había visto en mi propia familia”.

En una ocasión, la primera familia palestina que visitó tenía una mujer que soñaba con hacer pan y venderlo. Entonces, Faysa la ayudó y, así, poco a poco, conoció más a la comunidad local.

“Una misión de vida”

En 2007, comenzaron a llegar a Mogi das Cruzes, un municipio brasileño del estado de Sao Paulo, familias palestinas que habían vivido en Iraq. Debido a la invasión encabezada por Estados Unidos cuatro años antes, habían pasado por el campamento de refugiados de Ruweished, en el desierto, en la frontera entre Iraq y Jordania, hasta que más adelante tuvieron la oportunidad de viajar a Brasil.

Al principio había un programa de apoyo, recuerda Faysa, que ofrecía viviendas, alimentos, muebles, atención médica, clases, entre otros servicios. Pero al terminar el proyecto, muchas familias refugiadas enfrentaron dificultades con el idioma, el trabajo, los documentos y la independencia.

Para Faysa, eso fue la chispa para "caminar junto a estas familias hasta que pudieran reconstruir su independencia y sus vidas".

Fuente: TRT

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