Samina Canum, integrante de la comunidad musulmana de Mar del Plata, llegó desde Pakistán en octubre de 2008 y aprendió el castellano "hablando, escuchando". En una entrevista con LU9, junto a su hija Mana, repasó su historia de migración y cómo es la vida cotidiana de una comunidad pequeña pero diversa en la ciudad.
Un casamiento que une a dos familias
Samina es de la provincia de Punjab, en Pakistán. Su marido ya trabajaba en Mar del Plata cuando viajó de vacaciones a su país en 2007. Allí se comprometieron en junio y se casaron en julio de ese año.
Explicó que en Pakistán es costumbre que las familias intervengan en el casamiento, aunque también existen los matrimonios por amor. Y aclaró que la consulta llega también a los novios: se muestran fotos o se pueden conocer antes.
"Para nosotros casamiento no es únicamente casamiento de dos personas, es casamiento de dos familias", resumió. Además señaló que, en los 19 años que pasaron desde su boda, esas costumbres "cambiaron un montón".
Un permiso perdido y seis meses de espera
En septiembre de 2007 su marido regresó a Mar del Plata y tramitó el permiso para que ella pudiera obtener la visa argentina. Pero el documento se perdió en el envío por correo.
Samina esperó casi seis meses hasta que él hizo la denuncia y consiguió un nuevo permiso. Recién entonces, en 2008, pudo viajar a la Argentina.
El idioma, el frío y el mate
La mayor dificultad fue el idioma. "Cuando llegué no sabía qué es hola", recordó. Contó que aprendió el castellano en la vida diaria, "hablando, escuchando".
Hoy maneja cuatro idiomas: el panjabi, su lengua materna; el urdu, idioma nacional de Pakistán; el inglés, que estudió en su país; y el castellano, que aprendió en Mar del Plata. Su hija Mana, nacida en la ciudad, habla inglés, castellano y urdu.
El clima también fue un impacto. Llegó en octubre y su marido le había dicho que empezaba la primavera, pero en Pakistán esa estación es muy calurosa. Por eso trajo ropa liviana y, según contó entre risas, "yo morí de frío". Su familia tuvo que enviarle abrigo.
¿Y el mate? No la convenció: dijo que no le gustaba el aroma, aunque sí probó el tereré.
Una comunidad chica, con orígenes de todo el mundo
Samina contó que la comunidad musulmana marplatense es pequeña, pero reúne a personas de distintas regiones: de África, de Marruecos, de Turquía y hasta una pareja de Rusia.
El punto de encuentro es la mezquita de calle Bolívar, en el centro. Según explicó, fue construida por gente de Sudáfrica, que también la administra, y buena parte de los materiales llegaron importados, por eso luce distinta al resto de la ciudad.
La mezquita sunita de Bolívar y Córdoba se terminó en 2014 y su fachada, revestida con miles de venecitas de colores con motivos geométricos, la distingue de los edificios de la zona.
La religión y la vestimenta
Para explicar el islam, Samina describió una tradición compartida con judíos y cristianos: "El mismo camino que empezó con profeta Adam y terminó hasta profeta Muhammad". Los musulmanes, dijo, creen en Adán, Moisés, Jesús y Muhammad.
Sobre su vestimenta, aclaró que es la ropa tradicional de Pakistán, de tres piezas: pantalón, túnica y velo. Taparse la cabeza, señaló, no es obligatorio: "Uno no puede obligar a uno para poner la ropa y ni puede obligar para quitar la ropa".
En su día a día usa también ropa argentina, pero para la entrevista eligió la pakistaní "porque estoy representando mi país, mi cultura".
De "vos sos hindú" a sentirse parte
Consultada sobre si alguna vez sufrió malos tratos, recordó que en sus primeros tiempos, cuando salía con su ropa tradicional, algunas personas le decían "vos sos hindú". Como no hablaba castellano, eso la ponía nerviosa, y empezó a usar pantalón y remera.
Hoy, dijo, la situación cambió: la gente mira, pero suele pensar que es turista.
Mana, en cambio, aseguró que nunca vivió situaciones de ese tipo. "Argentina siempre fue un país muy diverso", afirmó, y agregó que "todo el mundo es muy amable, muy cálido". También dijo que ni ella ni su familia se sintieron nunca "empujadas a un lado".
Henna, comida picante y Pakistán
En el colegio, sus compañeros y profesores le preguntan cómo se dicen las cosas en su idioma y se interesan por la comida pakistaní, conocida por ser muy picante. A veces lleva henna, una planta cuyas hojas secas se hacen polvo y se usan para dibujar diseños tradicionales en la piel.
Mana viajó cuatro veces a Pakistán. Le gusta, aunque destacó el calor.
Samina también contó que en Karachi hay un barrio, Lyari, conocido por su pasión futbolera, y que allí se ambienta la película pakistaní Mera Lyari, sobre chicas que quieren jugar al fútbol.
Fuente: LU9