La Puerta del Sol de Madrid acogió ayer domingo 20 de septiembre el encuentro “Unidos por la Paz”, un acto público convocado en vísperas del Día Internacional de la Paz, que se celebra el 21 de septiembre.
Durante una hora, entre las seis y las siete de la tarde, personas pertenecientes a diferentes confesiones religiosas, organizaciones y colectivos ciudadanos compartieron un mismo espacio para expresar públicamente su compromiso con la paz y con la necesidad de construir alternativas a la violencia.
El encuentro quiso ser deliberadamente sencillo. No hubo banderas ni símbolos particulares que identificaran a unas organizaciones frente a otras. Una pancarta con las palabras “Unidos por la Paz”, acompañada por la paloma de la paz, presidió un acto en el que precisamente se quiso destacar aquello que puede unir a personas procedentes de tradiciones y sensibilidades diferentes.
Católicos, evangélicos, musulmanes y budistas participaron junto a personas y colectivos que entienden la espiritualidad como una dimensión fundamental de la existencia humana, se profese o no una religión determinada. El mensaje compartido fue que las diferencias religiosas, culturales o ideológicas no tienen por qué convertirse en fronteras que nos separen, sino que pueden encontrarse en torno a la defensa de la dignidad humana y el rechazo de la violencia.
Uno de los elementos significativos del encuentro fue la combinación de la palabra y el silencio. Representantes de las diferentes tradiciones fueron compartiendo breves mensajes sobre la paz y, después de cada intervención, se guardaron unos momentos de silencio. No se trataba solamente de escuchar discursos sobre la paz, sino de dejar que las palabras pudieran resonar interiormente.
El encuentro concluyó con uno de sus momentos más simbólicos. Las personas participantes habían sido invitadas previamente a llevar una flor, de cualquier tamaño, forma o textura. Al final del acto, esas flores fueron utilizadas para rellenar entre todos la silueta de una gran paloma de la paz.
Cada persona fue aportando su flor hasta que, poco a poco, la figura quedó formada. El gesto expresaba de una manera sencilla lo que había querido transmitir todo el encuentro: la paz no es algo que pueda construir una persona, una religión o un grupo por separado. Necesita de la aportación de todos.
Las diferentes flores, con sus formas, colores y tamaños, no perdían su singularidad al formar parte de la paloma. Precisamente su diversidad hacía posible construir conjuntamente la imagen. Era una forma de expresar que también nuestras diferencias religiosas, culturales, espirituales y personales pueden formar parte de un proyecto compartido de paz.
Así, frente a las banderas que tantas veces delimitan identidades y fronteras, las flores se convirtieron en símbolo de otra manera de relacionarnos: diferentes, pero no enfrentados; diversos, pero capaces de construir juntos.
El encuentro de Sol mostró una concepción de la espiritualidad que no pretende apartarse de los conflictos del mundo. Por el contrario, las distintas tradiciones religiosas pueden encontrar precisamente en sus fuentes espirituales razones profundas para defender la dignidad humana, rechazar la violencia y trabajar por la justicia.
En este sentido, el diálogo interreligioso, intercultural e interespiritual adquiere hoy una dimensión especialmente importante. No consiste únicamente en que personas pertenecientes a diferentes religiones, culturas o espiritualidades aprendan a tolerarse. Supone descubrir que pueden colaborar activamente en aquello que afecta al conjunto de la humanidad.
La construcción de la paz necesita espacios donde podamos encontrarnos sin renunciar a nuestras diferencias, pero sin convertirlas tampoco en trincheras. Necesita recuperar la capacidad de escuchar, guardar silencio, dialogar y cooperar.
Durante una hora, en uno de los lugares más transitados y simbólicos de Madrid, personas procedentes de tradiciones e ideologías diferentes intentaron hacer visible esa posibilidad, informó Religión Digital.