El barrio de La Habana Vieja es el eje central de la industria turística de la capital cubana, habitualmente muy animada. Coloridos edificios coloniales albergan hoteles, restaurantes, tiendas de recuerdos y boutiques, y también una mezquita.
Situada en una tranquila calle lateral, frente al museo de historia árabe de la ciudad, la mezquita Abdallah presta servicio a la pequeña comunidad musulmana de La Habana.
«Es una zona turística y, cuando teníamos más turismo, venían muchos [visitantes musulmanes extranjeros]», comenta a 'The National' Aqil Alexis Sánchez Tamayo, uno de los imanes de la mezquita Abdallah. «Y siempre se sorprendían al encontrar una mezquita en Cuba».
La mezquita abrió sus puertas en 2015 en el espacio que anteriormente ocupaba un museo de coches clásicos. Un equipo procedente de Arabia Saudita colaboró con cubanos en el diseño del interior del edificio.
«Desde el Ramadán de 2015, se convirtió... en el centro neurálgico de la comunidad islámica en Cuba», afirma el Sr. Sánchez Tamayo.
Cuba es un país comunista que desaconseja las manifestaciones públicas de religión; sin embargo, un acuerdo histórico entre La Habana y Arabia Saudita en 2012 allanó el camino para la construcción de la mezquita. Arabia Saudita fue el primer país árabe en establecer relaciones diplomáticas formales con Cuba en 1956.
Antes de la apertura de la mezquita Abdallah, solo existía un pequeño espacio de culto disponible para diplomáticos y otros extranjeros residentes en La Habana, ubicado en la Casa del Árabe (el museo de historia árabe). La nueva mezquita presta servicio a toda la comunidad musulmana de Cuba y recibe a visitantes del extranjero.
La comunidad musulmana de Cuba cuenta con apenas unos 8000 miembros —según el Sr. Sánchez Tamayo—, una mezcla de cubanos conversos y extranjeros residentes. Él mismo se convirtió al islam hace más de 20 años, estudió en Turquía y formó parte de la dirección de la Liga Islámica de Cuba, además de ejercer como uno de los imanes de la mezquita.
«Tenemos muchos estudiantes extranjeros, personal diplomático y personas radicadas aquí en Cuba que practican el islam», comenta.
La mezquita Abdallah cuenta con tres imanes —dos palestinos y el Sr. Sánchez Tamayo—, quienes se turnan para dirigir las oraciones de los viernes.
El Sr. Sánchez Tamayo comenta que se está planeando construir otra mezquita más grande en la zona, también con el apoyo de Riad.
«Estará ubicada en esta zona del puerto de La Habana, cerca de la central eléctrica que solía ser una de las más importantes de la ciudad, pero el proyecto llevará tiempo», explica. «Será más grande que esta y contará con más instalaciones y servicios».
Para el Sr. Sánchez Tamayo, la mezquita es un testimonio de la resiliencia del pueblo cubano frente a desafíos cada vez mayores.
El turismo, que alguna vez fue el motor económico de la isla, se desaceleró drásticamente tras la pandemia de COVID-19 y sufrió un retroceso aún mayor debido al endurecimiento de las sanciones estadounidenses. La escasez de combustible, alimentos y otros productos básicos ha hecho que la vida sea «estresante», afirma.
«Estamos sufriendo, pero como musulmanes somos plenamente conscientes de que todo lo que sucede en nuestras vidas está decretado por Allah, y tratamos de mantener esa resiliencia para superar esta situación», informó The National News.