Benjamin Netanyahu ha convertido la creación de un Estado palestino en una de las líneas rojas de su campaña electoral. El primer ministro israelí aseguró ayer sábado que mientras permanezca al frente del Gobierno no permitirá su establecimiento ni en Gaza ni en Cisjordania, territorio al que se refirió como Judea y Samaria.
La declaración llega cuando faltan apenas dos meses para unas elecciones decisivas y después de nuevas diferencias con Washington sobre el futuro de Gaza. El mensaje trasciende la retórica electoral: estrecha todavía más el margen para cualquier negociación basada en la solución de dos Estados.
«Mientras sea primer ministro, no surgirá ningún Estado palestino controlado por Irán: ni en Gaza ni en Judea y Samaria», afirmó Netanyahu en un mensaje difundido en X el 22 de agosto. La formulación introduce una condición —la eventual influencia iraní—, pero el posicionamiento encaja con declaraciones anteriores mucho más tajantes.
El pasado 9 de agosto ya había afirmado que «no se establecerá un Estado palestino» mientras continúe como primer ministro, dentro de su rechazo al plan impulsado por Estados Unidos para Gaza.
La seguridad vuelve así a situarse en el centro del discurso del dirigente del Likud, vinculando cualquier soberanía palestina futura con el riesgo de que grupos hostiles a Israel ganen capacidad territorial y militar, según el sitio Negocios.
La declaración adquiere especial relevancia por el calendario. Israel tiene previstas elecciones parlamentarias para el 27 de octubre de 2026, y las últimas encuestas dibujan un escenario complicado para Netanyahu.
Un sondeo de Channel 13 publicado el 19 de agosto otorgaba al bloque formado por Likud y sus aliados de derecha y partidos ultraortodoxos 51 escaños, cuando la mayoría necesaria para gobernar está situada en 61. El propio Likud aparecería con aproximadamente 20 diputados, frente a los 32 que posee actualmente.