Esta semana Aisha Wahab ganó una elección especial para la Cámara de Representantes de EE. UU., convirtiéndose en la primera persona de origen afgano elegida para el Congreso; un hito que culmina un rápido ascenso político cimentado en una historia personal de refugio, pérdida y reinvención.
Wahab, demócrata, ocupará el escaño de California que dejó vacante Eric Swalwell, quien renunció en abril en medio de acusaciones de conducta sexual inapropiada que él negó.
Derrotó a su compañera de partido Melissa Hernández, tras haber iniciado la contienda con una ventaja considerable después de superar a sus rivales por más de 25 puntos en las elecciones primarias no partidistas de junio. Ambas volverán a enfrentarse en noviembre por el mandato completo que comienza en 2027.
Aisha Wahab nació en la ciudad de Nueva York en enero de 1987, hija de padres que habían huido de Afganistán. Tras perder a su familia y pasar un tiempo en el sistema de acogida temporal, ella y su hermana fueron adoptadas por una pareja de Fremont, en el Área de la Bahía de California; una infancia marcada por el desplazamiento y por el tipo de red de seguridad social que ahora defiende en sus campañas.
Antes de incursionar en la política, desarrolló una carrera en el sector de las organizaciones sin fines de lucro y como consultora tecnológica.
En 2018 fue elegida para el Concejo Municipal de Hayward, convirtiéndose en una de las primeras estadounidenses de origen afgano en ocupar un cargo público en Estados Unidos; posteriormente, ejerció como alcaldesa interina de la ciudad.
En 2022 ganó un escaño en el Senado del Estado de California en representación del Distrito 10, convirtiéndose en la primera persona musulmana y de origen afgano elegida para dicha cámara, donde llegó a ocupar un puesto de liderazgo como líder adjunta de la mayoría, según Mulim Network TV.
Las versiones públicas sobre su formación académica varían: su entrada en Wikipedia menciona un doctorado en Trabajo Social por la Universidad del Sur de California, mientras que otros perfiles señalan una licenciatura por la Universidad Estatal de San José y una maestría en Administración de Empresas (MBA) por Cal State East Bay.
La candidatura de Wahab al Congreso provocó una oleada extraordinaria de gasto externo destinado a frenarla.
Según Politico, los 'super PAC' gastaron al menos 5 millones de dólares en las últimas semanas para oponerse a ella —una combinación de apoyo a su rival y ataques directos—, y gran parte de esos fondos provenía del Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC).
Otras estimaciones citadas por el 'San Francisco Chronicle' sitúan la cifra de esta ofensiva vinculada al AIPAC en hasta 8 millones de dólares.
La razón no era ningún misterio. Las posturas de Wahab sobre Gaza y la ayuda militar estadounidense a Israel se habían convertido en un eje central de la campaña, situándola entre los demócratas progresistas a quienes los grupos proisraelíes más se han esforzado por derrotar en los recientes ciclos de elecciones primarias.
Sus partidarios sostuvieron que dicho gasto resultó contraproducente, ya que movilizó a su base electoral en lugar de hundirla; un patrón observado en otras contiendas recientes donde el fuerte gasto vinculado al AIPAC no logró desbancar a críticos declarados del genocidio de Israel en Gaza.
Por lo demás, su programa se centró en cuestiones económicas internas: hacer más asequibles la atención sanitaria y el cuidado infantil, combatir los abusos en los precios por parte de las grandes empresas y proteger los programas de red de seguridad social; prioridades que ella fundamenta explícitamente en su propia experiencia de adversidad.
Las reseñas describen a Wahab como una política combativa y experta en el manejo de los medios, que no teme —según una expresión común— «sacudir el avispero»; un estilo que le ha granjeado tanto seguidores leales como resistencia a nivel local.
Su victoria suma un miembro demócrata más a la Cámara de Representantes y amplía las todavía reducidas filas de la representación musulmana en el Congreso. Asimismo, marca un hito para los afgano-estadounidenses, una comunidad que ha crecido considerablemente desde la retirada de Estados Unidos de Afganistán en 2021, pero que ha tenido escasa presencia en la política nacional.
Para una mujer que llegó a la vida pública tras una trayectoria marcada por su origen en una familia de refugiados, el paso por el sistema de acogida temporal y una serie de logros pioneros, este escaño en Washington representa la mayor barrera derribada hasta la fecha; aunque, con la revancha electoral de noviembre ya en el horizonte, probablemente no sea la última contienda que deba librar.