Agencia Islamica de Noticias
Tuesday 14 de July de 2026
Síganos en:

El Islam en Puebla: más allá de los esteretipos

El Islam en Puebla: más allá de los esteretipos

El Centro Islámico reúne a migrantes de diversos países y a mexicanos. Sus testimonios muestran procesos de adaptación, convivencia y respeto en una comunidad multicultural que ha echado raíces en el estado.
Agencia Islámica de noticias
Tuesday 14 de Jul.
El Centro Islámico de Puebla

Detrás de los prejuicios que suelen rodear al islam, en Puebla hay una comunidad integrada por migrantes de países como Túnez, Pakistán, Kenia, Argelia, Yemen, Nigeria y Marruecos, así como por mexicanos que decidieron abrazar esta fe. Sus historias hablan de adaptación, familias multiculturales, negocios, estudios y una vida cotidiana que transcurre entre el trabajo, la escuela y la práctica religiosa.

A través de sus testimonios aparece una realidad diversa: la de un imán que ayudó a fundar el Centro Islámico de Puebla, jóvenes nacidos en México dentro de familias musulmanas, conversos que encontraron en el Corán respuestas a sus inquietudes espirituales y extranjeros que hicieron del país su hogar. Aunque sus trayectorias son distintas, todos coinciden en que el respeto mutuo ha sido clave para integrarse a una sociedad que hoy consideran parte de su identidad.

El guía espiritual de la comunidad

Originario de Túnez y hoy naturalizado mexicano, Riadh Toumi ha sido testigo del crecimiento de la comunidad musulmana en Puebla. Cuando llegó hace 20 años, apenas había dos o tres musulmanes que se reunían en un pequeño espacio prestado en el centro de la ciudad, cerca del zócalo, sobre la calle 16 de Septiembre, para realizar sus oraciones.

“Cuando yo llegué no había ningún centro islámico”, recordó. Con el paso de los años, Rhiad ayudó a construir la comunidad que hoy tiene su sede en el Centro Islámico de Puebla, del que actualmente es imán.

Explicó que su responsabilidad principal es orientar espiritualmente a los fieles y dirigir las oraciones colectivas. El cargo de imán no se hereda ni se designa de manera formal, sino que surge del reconocimiento de la comunidad hacia la persona con mayor preparación religiosa y conducta ejemplar.

El hombre de 46 años encontró en la capital poblana un lugar para formar una familia junto a su esposa Jaquelin Neria, con quien tiene dos hijas.

Riadh aseguró sentirse agradecido con México y particularmente con Puebla. “Nunca hemos tenido dificultades. Aquí la gente es alegre, hospitalaria y nos sentimos en casa”, afirmó.

Para el imán, la clave de la convivencia entre personas de diferentes culturas y religiones es el respeto mutuo. Está convencido de que valores como la educación, la tolerancia y los buenos modales permiten construir relaciones duraderas y fortalecer el tejido social más allá de cualquier diferencia.

Actualmente, se dedica a importar y comercializar perfumes árabes elaborados en Emiratos Árabes Unidos, actividad que desarrolla a través de su tienda en línea: Al Rehab México.

Se convirtió al islam por amor

Jaquelin Neria tenía 20 años cuando decidió convertirse al islam y casarse con Riadh Toumi. Desde entonces han pasado 16 años, dos hijas y una vida construida entre las tradiciones mexicanas y la fe musulmana.

Originaria de Puebla, realizó su shahada –acto con el que una persona se convierte al islam o reafirma su fe— el 14 de julio de 2010, el mismo día de su boda. Ella proviene de una familia cristiana y recordó que abrazar una religión distinta implicó cambios importantes. “El hecho de que haya una comunidad tan grande de musulmanes te hace sentir muy bien, con mucho apoyo, y te integras muy rápido”, comentó.

Jaquelin explicó que en la tradición islámica el vínculo suele construirse a partir de la convivencia diaria, el compromiso y el apoyo mutuo. “Uno espera el romanticismo de aquí de Latinoamérica, pero realmente es bastante diferente”, dijo.

Agregó que, lejos de arrepentirse, la experiencia ha sido positiva.

Actualmente, sus dos hijas estudian en una escuela laica y conviven con personas de distintas culturas y religiones, algo que considera compatible con la formación islámica que reciben en casa.

Los Basabra de Kenia

Khalil Abdul Razak Basabra llegó a San Martín Texmelucan a los 14 años sin hablar español y con pocas referencias de la cultura mexicana. Arribó a Puebla en diciembre de 2010, junto con su madre y su hermana Makkah, para reunirse con su padre Abdul, quien se había establecido en ese municipio en 2002.

Con el tiempo, mientras estudiaba en el Colegio Renacimiento, aprendió el idioma, hizo amistades y se familiarizó con las costumbres locales. En el proceso también descubrió la historia, la gastronomía y las tradiciones del país. Aunque tiene arraigada la fe musulmana, ha desarrollado un fuerte sentido de pertenencia hacia México. Entre las celebraciones que más disfruta está el 15 de septiembre, además de las decoraciones que acompañan la temporada navideña.

En cuanto a la cocina, al principio los sabores le parecieron distintos a los que conocía, pero con los años los tacos de canasta, las tortas de milanesa y los chilaquiles, lo conquistaron.

Actualmente, trabaja junto con su padre en el reciclaje de PET. Recolectan, clasifican y lavan el plástico para transformarlo en hojuelas que posteriormente comercializan con clientes dentro y fuera del país.

Por su parte, Makkah, su hermana, tenía seis años cuando llegó al país. Hoy estudia medicina, carrera que combina con un emprendimiento que tiene junto con su cuñada. Ambas pusieron un restaurante que se llama Rafiki’s, cuyo nombre significa “amigo” en suajili, su idioma originario. El establecimiento busca acercar a los comensales a los sabores de África, Asia y Oriente Medio a través de una oferta gastronómica poco común en la región.

Como parte de su práctica religiosa, Makkah utiliza el hiyab (pañuelo que cubre el cabello y el cuello de las mujeres musulmanes) y acude junto con su familia cada semana al Centro Islámico de Puebla.

Un esfuerzo por desmontar estereotipos

Andrea Gutiérrez es una poblana de 32 años que desde hace más de una década profesa el islam. Se convirtió a esta religión a los 18 años, después de comenzar un proceso de estudio que transformó sus creencias. Hoy está casada con un pakistaní llamado Tauseef Ahmed, con quien formó una familia integrada por tres hijos poblanos educados bajo los principios del islam.

Su interés por el islam surgió tras leer algunos libros que le prestaron, en los que descubrió una visión religiosa centrada en el monoteísmo. Esto despertó su curiosidad y la llevó a profundizar en el tema.

Actualmente estudia teología con enfoque islámico e imparte clases en la mezquita. Además de la enseñanza religiosa, dedica parte de su labor a explicar aspectos del islam que, considera, suelen ser malinterpretados o distorsionados por estereotipos. Uno de los temas sobre los que más trabaja es la percepción de la mujer musulmana.

Andrea asegura que su experiencia personal dista de muchas de las ideas que circulan sobre el papel femenino dentro de esta religión. Afirmó que ella mantiene autonomía económica, cuenta con vehículo propio y realiza actividades cotidianas similares a las de cualquier otra mujer, como convivir con amistades o acompañar a sus hijos en sus actividades.

También rechazó la idea de que el islam promueve el maltrato hacia las mujeres. Señaló que, de acuerdo con las enseñanzas religiosas, los hombres tienen la obligación de tratar con justicia a sus esposas, hijos y personas con las que conviven.

Aseguró que su matrimonio se ha desarrollado bajo estos principios. Aunque sus hijos no celebran festividades como la Navidad, sí participan en celebraciones de la tradición musulmana como las que siguen al Ramadán –un tiempo de reflexión, disciplina espiritual y acercamiento a Dios para esta comunidad—, así como el Eid al-Fitr, una festividad que reúne a familias de distintos países y de estados como Tlaxcala, Veracruz, Oaxaca, México, Hidalgo, Querétaro y Puebla, en la que se reciben regalos y ropa nueva.

La religión no es barrera

Fatema Aicha Bencherif es una adolescente mexicana nacida dentro de una familia musulmana. Para ella la religión no representa una barrera para relacionarse con personas de diferentes creencias y costumbres.

Hija de un argelino y una mexicana, nació en Tlaxcala hace 14 años. Sin dejar de lado sus creencias, ha incorporado algunas tradiciones del país en el que vive a su vida cotidiana.

La adolescente estudia en una escuela laica en la que convive con compañeros de distintas creencias y aseguró que nunca ha enfrentado problemas por profesar el islam. Al contrario, dice que sus compañeros suelen sentir curiosidad, especialmente durante el Ramadán, cuando le preguntan por el ayuno que practican los musulmanes durante un mes.

Fuera de la escuela, lleva una vida similar a la de cualquier otra joven de su edad. Sale con sus amigas al cine, a plazas comerciales y participa en actividades recreativas, mientras cada viernes acompaña a su familia desde Tlaxcala hasta Puebla para asistir a la mezquita.

La historia de su familia comenzó cuando su padre Djamal Bencherif, originario de Argelia, conoció a quien sería su esposa durante su estancia en Panamá, donde trabajaba como comerciante. Tras iniciar una relación que continuó a la distancia, decidió trasladarse a México y establecerse en Tlaxcala, tierra natal de su esposa. Ahí formaron una familia y tuvieron dos hijos: Fatema y Muhhamad.

Djamal recordó que uno de los mayores retos de vivir en Tlaxcala fue el clima, muy frío, distinto al que estaba acostumbrado. En contraste, la gastronomía mexicana le resultó fácil de adoptar y hoy forma parte de la alimentación cotidiana de su familia.

Aunque profesan el islam, los Bencherif también participan en algunas tradiciones mexicanas. Celebran la Navidad, la Rosca de Reyes y la Semana Santa, pero no desde una perspectiva religiosa, sino como expresiones culturales arraigadas en el país que habitan.

Para Djamal, una de las prácticas más importantes de su religión es el Ramadán, periodo que define como una oportunidad de purificación espiritual y fortalecimiento de la fe.

Explicó que el ayuno representa un acto de disciplina y conciencia de la presencia de Dios. 

Durante el mes del Ramadán suelen romper el ayuno al compartir alimentos con amigos y conocidos, muchos de ellos mexicanos, quienes cada vez están más familiarizados con el significado de esta celebración religiosa.

Una segunda patria

Muhhamad Aamir nació en Pakistán en 1991. Llegó a Puebla hace 11 años impulsado por una historia de amor que comenzó en Facebook.

Conoció a una joven poblana en redes sociales y, mientras mantenían contacto a la distancia, ella comenzó a interesarse por el islam. Después de estudiar la religión y convertirse por decisión propia, la relación se consolidó. Un año más tarde Muhhamad dejó Pakistán para establecerse en Puebla y formar una familia junto a ella.

Actualmente se dedica a la venta de ropa árabe, pakistaní e hindú en Al Arab boutique, su negocio ubicado en la 5 Poniente 402, local H, del Centro Histórico.

Su integración a las costumbres mexicanas se refleja en su vida social. Pertenece a un equipo de futbol integrado por amigos mexicanos.

“México me dio pan, hoy día soy un mexicano naturalizado. Vivo como un mexicano solo que nací en otro país”, dijo. Comentó que mantiene un canal de YouTube en el que comparte aspectos de la cultura mexicana y de su experiencia viviendo en el país.

Muhhamad consideró que el mayor desafío para los musulmanes es combatir los prejuicios que existen sobre su religión. Por ello suele invitar a las personas a leer el Corán y conocer directamente sus enseñanzas.

Afirmó que el islam promueve el respeto hacia los demás y prohíbe causar daño a cualquier persona. En su opinión, muchas de las ideas negativas que circulan sobre los musulmanes provienen del desconocimiento.

Su vida familiar también ha contribuido a derribar estereotipos. Narró que la familia de su esposa lo recibió con respeto y que su suegra valora la forma en que trata a su hija. Para él, el matrimonio y las relaciones familiares deben estar guiados por los principios de justicia, respeto y responsabilidad que enseña su religión.

Después de más de una década en Puebla, Muhhamad conserva sus raíces pakistaníes, pero también ha desarrollado un profundo cariño por México, país en el que encontró una segunda patria.

Converso por convicción

Alberto Páez es un mexicano que lleva 10 años practicando el islam. Su acercamiento a esta religión comenzó a partir de un proceso personal en el que estudió la Biblia, textos budistas y el Corán, lo que lo llevó a adoptar la fe islámica.

Señaló que su decisión no fue producto de una influencia externa sino de una búsqueda individual. Consideró que el islam retoma práctica y principios presentes en otras religiones, como la oración, el ayuno y normas de que, desde su perspectiva, se mantienen como parte de una comunidad espiritual.

Actualmente, trabaja como conductor de plataforma y combina esta actividad con su vida familiar. Tiene dos hijos, una adolescente de 16 años y un niño de cinco, quienes han sido educados dentro de la tradición musulmana.

Para Alberto, la transmisión de la fe dentro de su familia ha sido un proceso natural, basado en el conocimiento y la convicción personal.

Fuente: El Sol de Puebla

Erika Reyes / El Sol de Puebla

Comparti esta nota

Comparti esta nota

Copyright (c) 2026 AIN Agencia Islámica de noticias. Todos los derechos reservados.