Crece en España el número de musulmanes que ya no entienden la jutba o sermón de los viernes cuando el imán lo pronuncia en árabe, como viene haciéndose desde hace treinta años. Según el Observatorio Demográfico CEU CEFAS, el 35% de los musulmanes que viven en España ya no procede de países árabes y, por tanto, no entiende la lengua del Corán, a pesar del esfuerzo que muchos realizan por estudiarla. Las principales mezquitas españolas, conscientes de la realidad lingüística de sus fieles, alternan ya el árabe y el español en sus salas de oración: no les queda más remedio.
El árabe que nadie habla en casa
El árabe formal o fusha es esa lengua preislámica que, en su versión estandarizada —con vocabulario tecnológico y moderno—, se impuso como oficial en veintidós naciones de Oriente Medio y Norte de África a mediados del siglo pasado, pero que, sin embargo, nadie utiliza en sus conversaciones cotidianas. Las leyes, los discursos oficiales, los libros de texto y los periódicos de todos los países de la Liga de Estados Árabes se redactan en esa lengua culta, pero sus habitantes se comunican en variantes tan alejadas del tronco común y tan distintas entre sí que un marroquí no se entiende con un iraquí a pesar de que ambos dicen hablar árabe. Solo si los dos han estudiado el fusha pueden recurrir a ese instrumento común —creado por el panarabismo— para expresarse y comprenderse.
Aunque las suras del Corán han de recitarse en su lengua original durante cada una de las cinco oraciones diarias, tanto las súplicas (dúas) como los sermones del viernes pueden declamarse en las lenguas locales. Así se hace desde hace siglos en países musulmanes no árabes como Indonesia, Turquía, Bangladesh o Azerbaiyán. En España, dado que la inmensa mayoría de las mezquitas fue fundada a partir de los años noventa por fieles marroquíes, no se usaba en ellas otro idioma ritual que no fuera el árabe. Los promotores de aquellas mezquitas trajeron a sus predicadores de Marruecos y, salvo excepciones, ninguno hablaba suficiente español.
Una comunidad que ya no es solo magrebí
El 24% de los 2,5 millones de musulmanes que viven en España reza los viernes, el día sagrado de la adoración comunitaria, en alguna de las más de dos mil mezquitas repartidas por todo el país. En los últimos diez años han aumentado de manera llamativa los fieles procedentes de países como Pakistán, Senegal o Nigeria, cuyas lenguas maternas ni siquiera derivan del árabe. A ese grupo de nuevos migrantes no arabófonos hay que sumar el también creciente número de creyentes que, aun procediendo de familias magrebíes y habiendo nacido en España, no han tenido oportunidad de familiarizarse con el árabe del Corán.
A medida que las mezquitas más grandes establecen madrasas o academias coránicas vespertinas para enseñar islam y árabe clásico a los niños del entorno, crecen también las familias que deciden no apuntar a sus hijos a esas clases por la carga escolar que ya soportan los menores, la distancia hasta la madrasa, el precio —entre 30 y 60 euros al mes— y, sobre todo, la desconfianza hacia una enseñanza no reglada y ajena a todo control administrativo o parental.
Los musulmanes que comenzaron a llegar a España de manera masiva a partir de los años noventa habían cursado la primaria o la secundaria en árabe en sus colegios marroquíes. Sus hijos, nacidos ya aquí, aunque se comunican en casa en la variante materna del dariya marroquí —o el hassaniya, en algunos casos—, ya no entienden el árabe culto ni son capaces de leerlo ni de escribirlo. Esos jóvenes de segunda e incluso tercera generación han recurrido, sobre todo en WhatsApp y en las redes sociales, a escribir el dariya con caracteres del alfabeto latino, el único que conocen; al resultado, generalizado y pintoresco, lo llaman arabizi.
Esos jóvenes de segunda e incluso tercera generación han recurrido a escribir el dariya con caracteres del alfabeto latino, el único que conocen; al resultado, generalizado y pintoresco, lo llaman arabizi
El grueso de las mezquitas españolas, fundadas por marroquíes, pertenece a la escuela islámica malikí, la corriente doctrinal predominante en el reino vecino y probablemente la que mejor se adapta a las costumbres y situaciones de cada país. Esa fue también la escuela predominante en Al Ándalus, y parece lógico que el nuevo islam español esté asentándose sobre esas mismas bases.
"Casi todos nuestros fieles entienden el español y, además, estamos en España: el islam no puede seguir siendo una realidad extranjera, importada" — Driss Mohamed, portavoz de la mezquita Al Rahma de Algeciras
El paisaje de las salas de oración en Andalucía —la segunda comunidad con mayor número de marroquíes— está cambiando a gran velocidad. En Granada, algunos templos han recurrido para sus sermones del viernes a una suerte de bilingüismo práctico. En Algeciras, donde la proporción de musulmanes duplica la media nacional, la mezquita Al Rahma ofrece jutbas en español cada dos viernes. "Casi todos nuestros fieles entienden el español y, además, estamos en España: el islam no puede seguir siendo una realidad extranjera, importada", señala su portavoz, Driss Mohamed.
El Centro Cultural Islámico Catalán fue uno de los pioneros en ofrecer la predicación en árabe y español. En la mezquita del Centro Andalusí de Málaga, los fieles pueden seguir la jutba en español a través de una aplicación. En Madrid, varios templos ofrecen ya traducción simultánea o consecutiva. La mezquita Al Huda de Lavapiés recurre también al español, presionada en este caso por sus fieles pakistaníes y bangladesíes.
El islam que viene
Paralelamente a este cambio de idioma, motivado por la necesidad de llegar a todos, empieza a imponerse también en España una manera distinta de mostrar el islam a los jóvenes: menos dogmática, más inclusiva y plenamente respetuosa con otras formas de pensamiento y estilos de vida. "La jutba en español —cuenta un fiel cordobés que prefiere el anonimato— es el primer paso para esa necesaria resignificación de la espiritualidad islámica en las sociedades occidentales".
Muchos de los nuevos destinatarios de la predicación islámica son ya jóvenes nacidos en España, expuestos desde la infancia a la pluralidad y al librepensamiento, educados al margen del dogmatismo religioso y político de origen, acostumbrados a los espacios mixtos y a las decisiones democráticas. Este nuevo público de las mezquitas no acepta imposiciones arbitrarias o culturales sobre el noviazgo o el matrimonio, y comprende que secundar el ayuno en Ramadán o llevar el velo son decisiones personales y siempre respetables.
Quizá sea todavía pretencioso hablar del nacimiento —o renacimiento— de un islam español. Pero si esa génesis llega a producirse, lo que vea la luz estará ya desvinculado de las costumbres sociales y la lengua del Magreb. La participación ciudadana, política y artística de los musulmanes empieza a ser un hecho incontestable en España frente a las viejas narrativas de la exclusión, informó Europa Sur.