La conservación del patrimonio no depende únicamente de restauraciones o trabajos arqueológicos. En ocasiones, proteger la historia significa prepararse para amenazas que nunca deberían llegar a producirse. Es el caso de la Mezquita-Catedral de Córdoba, que ha reforzado la seguridad de uno de sus espacios más valiosos mediante un sistema diseñado para combatir incendios sin poner en riesgo los documentos que custodia.
La medida afecta al archivo capitular, donde se conservan miles de manuscritos, libros antiguos y documentos que permiten reconstruir buena parte de la historia de la Mezquita-Catedral cordobesa desde la Edad Media. Para protegerlos, el monumento ha apostado por un sistema que sustituye el agua por un agente gaseoso capaz de sofocar un incendio sin deteriorar el material bibliográfico.
Un archivo con siglos de memoria
Lejos de las zonas más visitadas por los turistas, el archivo capitular guarda una parte esencial de la memoria documental de Córdoba. Entre sus fondos figuran manuscritos históricos, ejemplares antiguos y documentos relacionados con la evolución del templo desde que pasó a convertirse en Catedral tras la conquista cristiana de la ciudad.
Estos fondos han sido ampliados durante siglos mediante adquisiciones, donaciones y trabajos de conservación que han permitido mantener vivo un legado cultural de enorme valor para investigadores e historiadores.
La protección de este patrimonio exige medidas especiales, ya que un incendio podría provocar daños irreparables en documentos únicos.
La principal novedad es la utilización de un sistema que emplea gas para extinguir el fuego en lugar de agua. La elección responde a una razón sencilla: aunque el agua resulta eficaz para apagar incendios, también puede destruir libros, pergaminos y documentos históricos.
El mecanismo actúa reduciendo el oxígeno necesario para la combustión dentro de espacios especialmente acondicionados y cerrados, lo que permite frenar la propagación de las llamas sin afectar a los fondos documentales.
Este tipo de tecnología ya se utiliza en algunos de los archivos y bibliotecas más importantes de Europa y supone una alternativa especialmente útil en lugares donde el patrimonio bibliográfico constituye el principal bien a proteger, informó El Debate.