Hay tres mentiras que se cuentan en cada mezquita toledana: que están mal orientadas, que lo están hacia Córdoba y que el motivo es la rebeldía andalusí frente a Damasco.
Primera. Orientar un edificio no fue fácil hasta la revolución científica que protagonizó el Islam (civilización) de la mano del islam (religión) a partir del siglo IX. Para entonces, cientos de mezquitas ya habían sido orientadas con técnicas astronómicas basadas en la observación de determinadas estrellas, algunas no visibles en Alándalus.
La propia Kaaba fue construida orientando sus ejes hacia el orto de Suhayl-Canopo, estrella invisible desde Córdoba, así que para la orientación de la mezquita cordobesa se decidió emular a la Kaaba. Es decir, orientarla no HACIA sino COMO la Kaaba, aceptando que estuviese orientada a algún punto del cuadrante Sureste, más allá de la exactitud que hoy se pretende.
La orientación no tenía que ver con evidencias astronómicas sino muchas veces con decisiones políticas que llevaron a alfaquíes y astrónomos a discrepar, como ha estudiado Susana Calvo. Y en el debate entre mantener la tradición o derribar las qiblas históricas para reorientar los templos, la tradición se impuso al derribo. Y no sólo en Córdoba, también en gran parte del mundo islámico, cuyas mezquitas están orientadas de la misma forma hasta hoy, sin que suponga un problema ni se considere que están mal orientadas.
Segunda. Mònica Rius ha estudiado cómo en todo Alándalus existió una tendencia a orientar las mezquitas dentro del cuadrante Sur con variantes hacia el sureste y el suroeste. Es decir, que ni siquiera aquí en Toledo están todas orientadas en la misma dirección, y existen diferencias de hasta 30 grados entre unas y otras.
Bab al-Mardum encajaría en la tendencia mayoritaria en Alándalus, con decenas de mezquitas construidas como Córdoba había hecho con la Kaaba: no orientarse HACIA sino COMO. Por tanto, tampoco las mezquitas toledanas están orientadas hacia Córdoba; en todo caso -y apenas algunas- como la de Córdoba.
Tercera. Desde que en 1957 Torres Balbás publicó que la qibla de la mezquita cordobesa se orienta al sur (y no por error, como ya sabemos), algunos aventuraron que era como muestra evidente de una supeditación respecto a Damasco (capital de los Omeya recién derrocados por los Abasíes, salvo Abderramán I que llegaría a Córdoba), en vez de a la Meca.
Me chivan que algunos guías allí cuentan por esta razón que la mezquita está orientada hacia la capital siria, un disparate infundado que quizá explique la última invención toledana con una vuelta de tuerca: la sustitución de Damasco por Córdoba como dirección del rezo de las mezquitas toledanas. Cualquiera que haya leído sobre Alándalus que Toledo tuvo siempre un enemigo claro: Córdoba. Del colapso de la capital visigoda se benefició la nueva capital andalusí.
Toledo no dejó de rebelarse durante siglos contra el poder central implantado por los Omeya y era conocida por los cronistas como umm al-nifaq u «origen de la rebelión», algo que sólo dejó de ser cuando las rebeliones fueron aplastadas por Abderramán III en el siglo X. Ninguno de aquellos toledanos entendería que alguien dijera que su ciudad sacralizaba a Córdoba. Como si La Meca dejase de ser sagrada ante un cambio de dinastía en Damasco o como si Córdoba sustituyese al lugar en el que un precepto coránico recomienda no sólo orientarse para rezar, sino visitar al menos una vez en la vida y al que se dirigieron tantos andalusíes que dejaron por escrito sus peregrinaciones en un género literario con nombre propio, las rihla. Si volviesen del pasado, unos y otros, esta vez sí que desorientados, preguntarían a los guías que cuentan en las mezquitas toledanas que están orientadas a Córdoba por rebeldía: «¿y eso que cuentas, dónde podría leerlo?». Pregunta sin respuesta que debería animar a quien lo cuenta a dejar de hacerlo.
Fuente: La Tribuna de Toledo