De acuerdo con evaluaciones preliminares de ACNUR, entre 600.000 y un millón de hogares iraníes se han visto obligados a abandonar sus viviendas ante las hostilidades en curso. En su mayoría, los desplazados huyen de Teherán y de otras grandes ciudades, dirigiéndose hacia provincias del norte y zonas rurales en busca de seguridad.
En este contexto, la cifra podría seguir aumentando si los enfrentamientos continúan. “Es probable que el número siga creciendo mientras persistan las hostilidades, lo que supone una escalada preocupante de las necesidades humanitarias”, advirtió Ayaki Ito, directora de Emergencias y Apoyo a Programas de ACNUR y coordinadora de respuesta a refugiados en Oriente Medio.
La crisis también afecta a los refugiados que ya residían en Irán, en particular afganos, la comunidad refugiada más numerosa del país. Estas familias “son especialmente vulnerables debido a su situación precaria y a sus limitadas redes de apoyo”, señaló Ito.
Ante este escenario, ACNUR indicó que está adaptando sus operaciones en el país y trabajando junto a autoridades nacionales y socios humanitarios para evaluar las necesidades sobre el terreno y prepararse ante posibles nuevos desplazamientos.
Asimismo, la agencia instó a todas las partes a proteger a la población civil y a garantizar el acceso humanitario. Al mismo tiempo, recordó a los países la importancia de mantener abiertas las fronteras para quienes buscan refugio, en línea con sus obligaciones internacionales, informó TRT.