Ampliamente compartida en redes sociales, la foto mostraba a fieles rezando en un espacio público emblemático de Sydney, acompañada de una provocativa pregunta sobre si el país debería prohibir a los musulmanes rezar en público.
Inicialmente presentada como una simple encuesta, la publicación se convirtió rápidamente en un vehículo para la retórica hostil. Los comentarios que la acompañaban transformaron un acto religioso común en un tema polémico, alimentando el miedo y los prejuicios contra la comunidad musulmana.
Algunos medios de comunicación informaron que la imagen podría haber sido generada o alterada mediante herramientas de inteligencia artificial. Sin embargo, esto no impidió que algunos internautas la utilizaran como una supuesta "prueba visual" de una supuesta amenaza islámica.
Los expertos señalan que este episodio ilustra la facilidad con la que las tecnologías digitales modernas pueden utilizarse indebidamente para difundir desinformación e incitar al odio contra las minorías. Según ellos, un simple símbolo o imagen ya es suficiente para generar percepciones erróneas, incluso sin que haya ocurrido ningún evento real.
Este caso pone de relieve los desafíos que enfrentan las sociedades australianas multiculturales, y exige una mayor vigilancia en la educación mediática, el marco legal y la protección de las libertades religiosas en la esfera pública.