El silencio protocolario no se mantuvo. En pleno discurso sobre el Estado de la Unión, mientras Donald Trump reanudaba sus ataques contra los inmigrantes y presentaba una política represiva como un imperativo de seguridad nacional, la representante de Minnesota, Ilhan Omar, lanzó una acusación desde su escaño: "Han matado a estadounidenses".
Esta declaración era una referencia directa al operativo federal de inmigración realizado en enero en Minneapolis, que resultó en la muerte de dos civiles.
Oficialmente justificada por una investigación de fraude, esta intervención masiva del aparato de seguridad movilizó a miles de agentes en una ciudad que alberga la mayor comunidad somalí de Estados Unidos.
Para Ilhan Omar, la conexión es clara: tras la retórica de seguridad que la administración ha insistido durante meses, hay políticas concretas y consecuencias humanas. Cuando el presidente declaró que "el primer deber del gobierno es proteger a los ciudadanos estadounidenses, no a los inmigrantes ilegales", las filas republicanas se pusieron de pie para aplaudir. Ella permaneció sentada. Pero habló. Y acusó.