Lo que tradicionalmente era una temporada de intensa actividad social y comercial se desarrolla ahora bajo los efectos de los bombardeos, la escasez de bienes esenciales y el fuerte aumento de los precios. Viviendas y comercios han quedado destruidos y numerosas familias han perdido sus fuentes de ingresos, lo que ha reducido considerablemente el poder adquisitivo de la población.
El comerciante Zaher al-Qudra declaró a medios palestinos que reabrió su negocio en una instalación temporal, luego de que su vivienda y su tienda, ubicadas cerca del Hospital Europeo en Khan Younis, fueran destruidas. Indicó que sus pérdidas ascienden a aproximadamente dos millones de dólares.
Según explicó, los productos tradicionales de Ramadán son ahora difíciles de conseguir y las interrupciones eléctricas, junto a las condiciones climáticas, afectan la conservación de los artículos disponibles.
La actividad comercial, añadió, se encuentra prácticamente paralizada debido al desplazamiento y la falta de liquidez.
Por su parte, Shaima Abu Hamam, desplazada desde Jabalia hacia el sur de Gaza, señaló que su familia depende de los comedores comunitarios para romper el ayuno.
Explicó que no cuentan con recursos suficientes para cubrir las necesidades básicas del suhur e iftar ante el encarecimiento de los alimentos y la falta de empleo. También mencionó la escasez de gas doméstico y las dificultades para cocinar en condiciones precarias.
A las dificultades económicas se suma el impacto humano de la agresión. Fouad Thabet, residente en Deir al-Balah, afronta el Ramadán tras la muerte de su hijo en un ataque aéreo ocurrido al final del mes sagrado del año anterior. De igual forma, Munir Abu al-Ata, quien perdió a sus dos hijos en un bombardeo contra una mezquita al inicio del conflicto, afirmó que el mes adquiere una carga emocional más profunda debido a la ausencia de sus familiares.
El economista Maher Al-Tabbaa considera que el Ramadán de este año transcurre en medio de un severo colapso económico. Señaló que las tasas de desempleo rondan el 80 por ciento y que la pobreza ha alcanzado niveles sin precedentes. Al mismo tiempo, los precios de diversos productos básicos han aumentado considerablemente, lo que ha generado una marcada recesión en los mercados, pese a la alta demanda de bienes esenciales.
En este escenario, la población gazatí intenta mantener las prácticas religiosas y familiares asociadas al Ramadán, mientras enfrenta un entorno de escasez, duelo y prolongada inestabilidad, informó SANA.