La diplomacia vaticana no da puntada sin hilo, y el posible desembarco de León XIV en Argelia como segundo viaje apostólico —probablemente antes que España—, sería mucho más que una visita pastoral. Para un Papa agustino, que ya manifestó en el vuelo de regreso a Roma su interés por viajar al país magrebí, pisar suelo argelino no supondría solo volver a las raíces de su orden, vinculadas a san Agustín de Hipona, sino también reivindicar la vigencia de una Iglesia que, en palabras de los expertos, se define como una «Iglesia huésped en la casa del otro».
El cristianismo en Argelia no se mide en número de fieles, sino en la profundidad de sus testimonios y en un modelo eclesial singular: el de una Iglesia pequeña, minoritaria y profundamente arraigada en el diálogo. Una Iglesia que, lejos del proselitismo, ha construido su presencia a través de la vida compartida, la amistad y el testimonio silencioso, encarnado en figuras como Charles de Foucauld, los monjes mártires de Tibhirine y obispos como Léon-Étienne Duval y Henri Tessier.
San Agustín: el argelino que une a dos mundos
Esta capacidad de testimonio y entrega que destacó el Papa se refleja también en la figura de san Agustín, cuyo legado en Argelia ha experimentado una transformación notable. Si bien durante décadas se le vio con recelo como un «colaborador del imperio romano» contra los donatistas [un movimiento cristiano cismático que sostenía que solo sacerdotes moralmente irreprochables podían administrar válidamente los sacramentos y que los pecadores no debían formar parte de la Iglesia], hoy el pueblo argelino lo ha adoptado como propio.
Como señala Passalacqua, cuando León XIV se presentó como «hijo de san Agustín», una ola en redes sociales en Argelia respondió con orgullo, ya que hoy es cada vez más reconocido por los argelinos musulmanes como filósofo y pensador, «más allá de su fe cristiana».
La comunidad agustina que hoy custodia la basílica de San Agustín en Annaba —la antigua Hipona— mantiene viva la llamada «amistad agustiniana», considerada el corazón del mensaje cristiano en la región. En esa misma clave se inscribe el saludo «La paz sea con vosotros», convertido en una de las expresiones más recurrentes del Papa León y reflejo de un principio central de la Iglesia en Argelia: el vínculo de la paz que une a las comunidades.
La Iglesia en Argelia es hoy una comunidad muy pequeña —unos 6.000 católicos en una población de 47 millones de musulmanes— que opera bajo un marco legal estricto que prohíbe el proselitismo. A pesar de ello, ha encontrado fuerza en su capacidad de convivir y ejercer el perdón.
El posible viaje de León XIV subraya este enfoque y lo sitúa como el Papa del equilibrio entre el diálogo, la unidad y la misión evangelizadora. Su carácter reservado, unido a su pertenencia a una Orden de raíces mendicantes, con vocación tanto contemplativa como misionera, no limita esa visión; al contrario, la refuerza.
Esa misma lógica de fe encarnada en la relación con el otro fue expresada con claridad por Christian de Chergé, cuando escribió en una carta antes de morir que «Argelia y el Islam, para mí, son otra cosa; son un cuerpo y un alma…». Sus palabras condensan una espiritualidad nacida de la experiencia y del respeto mutuo, y ayudan a comprender por qué Argelia sigue siendo hoy un lugar clave para interpretar el mensaje de paz que León XIV quiere proponer al mundo, informó El Debate.