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Sunday 25 de January de 2026
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Ramadán: Cómo prepararse para una experiencia espiritual de generosidad y apertura a los demás

Ramadán: Cómo prepararse para una experiencia espiritual de generosidad y apertura a los demás

El Ramadán no es simplemente un mes de ayuno. Es un momento para reenfocarse, una pausa bienvenida en un mundo marcado por la velocidad, el consumo excesivo y la distracción constante. Nos invita a bajar el ritmo, a encontrar la quietud, a volver a lo esencial.
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Sunday 25 de Jan.
La preparación involucra la mente y el cuerpo

Aunque se espera que el mes de Ramadán comience alrededor del 18 de febrero, algo está claro desde el principio: los preparativos no pueden dejarse para el último momento. El Ramadán no comienza con el primer día de ayuno. Empieza mucho antes, en la intención que formulamos, en los hábitos que empezamos a cuestionar, en la forma en que nos preparamos internamente. Cuerpo, mente, corazón, nuestra relación con el mundo y con los demás: el Ramadán es una transformación holística que requiere consciencia y anticipación.

El Ramadán no es simplemente un mes de ayuno. Es un momento para reenfocarse, una pausa bienvenida en un mundo marcado por la velocidad, el consumo excesivo y la distracción constante. Nos invita a bajar el ritmo, a encontrar la quietud, a volver a lo esencial.

El Corán nos recuerda claramente el significado del ayuno: “¡Oh, creyentes! Se os ha prescrito el ayuno para que alcancéis la taqwah” (Corán 2:183). En otras palabras, el ayuno no es una privación que suframos, sino un medio para despertar una conciencia interior que guía nuestras decisiones, comportamientos y relaciones con los demás.

Preparación interior: cuerpo y mente como aliados

Esta transformación comienza con el cuerpo. En nuestras sociedades, el cuerpo a menudo es maltratado: comemos demasiado rápido, dormimos mal, vivimos bajo estrés constante. Ramadán nos recuerda una verdad simple: el cuerpo necesita respeto. El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: “Tu cuerpo tiene derecho sobre ti”. Prepararse para Ramadán, por lo tanto, significa comenzar a reequilibrar nuestro estilo de vida, mejorar el sueño, aligerar la dieta y reducir los excesos. El ayuno no es un shock repentino, sino una disciplina de moderación. Un cuerpo en paz nos ayuda a ayunar mejor, a orar mejor y a encontrar la paz interior.

La preparación también involucra la mente. Vivimos en un mundo saturado de pantallas, información y exigencias constantes. La mente suele estar dispersa, cansada e irritable. Ramadán es un momento de respiro, pero este respiro no ocurre automáticamente. Requiere preparación. El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) nos recordó que el ayuno no se limita al hambre y la sed, y que quien no renuncia al mal comportamiento vacía su ayuno de significado. Prepararse mentalmente significa aprender a hablar menos, a reaccionar con más moderación, a controlar la ira y a purificar la intención. El ayuno se convierte entonces en un ejercicio de claridad y autocontrol.

Taqwa: Una conciencia que protege y libera

En el corazón del Ramadán se encuentra la taqwa, a menudo traducida como "piedad", pero cuyo significado es más profundo. Proviene de una palabra árabe que significa protegerse. Tener taqwa no se trata de vivir con miedo, sino de desarrollar una vigilancia interior que nos proteja contra la injusticia, el egoísmo y la pérdida de sentido.

El Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) resumió esta realidad señalando su corazón y diciendo: «La taqwa está aquí». No se mide por las apariencias ni por la multiplicación de prácticas visibles, sino por la sinceridad, la constancia y la calidad de la relación con Dios y con los demás.

El Ramadán es una verdadera escuela de taqwa. Al renunciar voluntariamente a necesidades que, sin embargo, son permisibles, el creyente aprende a decir no. Y este no es una privación estéril, sino un acto de libertad. Permite resistir mejor los excesos, las injusticias y las ilusiones del mundo material. En una sociedad que fomenta el consumo desmedido, la taqwa se convierte en un baluarte interior, una brújula ética.

Ramadán es también el mes del Corán, un momento en el que se nos invita a reflexionar sobre nuestras vidas a la luz del significado. No se trata solo de leer más, sino de comprender, reflexionar e intentar aplicar lo aprendido. En un mundo donde el éxito a menudo se mide por el dinero, el rendimiento o el reconocimiento social, Ramadán nos recuerda que el verdadero valor del ser humano reside en su intención y comportamiento. El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Las acciones se juzgan solo por las intenciones».

Compartir, abrirse, relajarse: una espiritualidad orientada hacia los demás. Ramadán también ofrece una crítica sencilla pero contundente al materialismo contemporáneo. Durante un mes, demuestra que podemos vivir con menos, desear de forma diferente y redescubrir la gratitud. Desafía la idea de que la felicidad reside en la acumulación. Nos recuerda que la abundancia no evita el vacío interior ni la ansiedad, y que la simplicidad puede ser fuente de paz y libertad.

Pero el Ramadán no es una experiencia solitaria, aislada del mundo. Se centra profundamente en los demás. El hambre nos acerca a quienes la experimentan a diario. Despierta la empatía. Compartir la comida del iftar, dar, apoyar a los más vulnerables y demostrar paciencia y bondad le dan al ayuno su verdadero significado. El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) fue aún más generoso durante el Ramadán. Un ayuno que no abre el corazón a los demás pierde su profundidad.

Dado que se espera que el Ramadán comience alrededor del 18 de febrero, es esencial no esperar hasta el último minuto. Prepararse ahora significa ajustar el ritmo de vida, aclarar las intenciones y examinar la relación con el consumo, el tiempo y los demás. El Ramadán no nos transforma por arte de magia. Transforma a quienes eligen participar conscientemente, según Oumma.

Experimentado y preparado de esta manera, el Ramadán se convierte en una verdadera escuela de libertad interior. Nos enseña a desprendernos de lo superfluo, a redescubrir el sentido y a vivir con mayor conciencia y humanidad. Y si se prepara bien, no termina con el Eid. Deja huellas duraderas en nuestro estilo de vida, nuestros hábitos de consumo, nuestras creencias y nuestra percepción de los demás. Quizás este sea su significado más urgente y preciado hoy en día.

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