Agencia Islamica de Noticias, sábado 13 de agosto de 2022
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Por Abdul Wakil Cicco

Sheik Mahmud: Adiós a unos de los maestros espirituales más queridos de Turquía

Sheik Mahmud: Adiós a unos de los maestros espirituales más queridos de Turquía

Murió esta semana a los 93 años, en Estambul. Su funeral fue uno de los más concurridos en la historia del islam.
Agencia Islámica de noticias
martes 28 de jun.
sheik Mahmud Ustaosmanoglu

Si uno viaja a Estambul, y llega a la zona de Fatih sabe bien que allí se acaban los turistas, las cámaras de fotos, y uno pone un pie en uno de los corazones espirituales de la ciudad. Buena parte de ese destino, se debe al sheik Mahmud Ustaosmanoglu, quien partió esta semana a los 93 años. 

Lo llamaban el renovador de la religión del último siglo. Había memorizado el Corán a los seis años. Recibió lecciones de árabe, recitación, persa, fiqh, teología, de los más renombrados maestros de su tiempo. 

Su madre, Fatima, antes de quedar embarazada tuvo un presentimiento Hacía tiempo que buscaban sin suerte un hijo. Fatima vio en un sueño cómo la luna iluminaba el cielo y luego ingresaba a su vientre. El año 1929. Lugar: Mico, la región de Trabzon, junto al Mar Negro. Y tras ese sueño, Mahmud llegó al mundo.

Durante el servicio militar, conoció a su sheik de la orden naqshbandi, Ali Haydar, asesor espiritual de los últimos sultanes otomanos. El sheik dijo de él: “Mahmud no tiene pecados en su libro”. Antes de morir, lo nombró sucesor: “Aquel que sostiene la mano de Mahmud”, dijo a sus discípulos, “sostiene mi mano”. 

Fue uno de los sheiks que más luchó contra la represión religiosa en tiempos de la nueva república turca. Luchó sin disparar una solo arma. Luchó formando a millones de seguidores. Una vez, mataron a su yerno. Luego a uno de sus estudiosos más queridos. Las oraciones fúnebres de ambos no hubo reclamos ni disturbios. Cuando lo alentaban a participar de las resistencias armadas en la calle, dijo: “Nuestro deber es invitar a la gente al bien y condenar el mal”. 

Dormía tres horas. Y a veces menos aún. “Si no me ven practicar una sunna del Profeta”, decía, “no hagan salat detrás de mí”.

Le venían a pedir consejo las máximas autoridades islámicas. Y presidentes y gobernadores. Cada año viajaba a dar lecciones por toda Turquía, y voló también a Uzbekistán, India, Alemania y los Estados Unidos. Cuando hizo la peregrinación a Meca en el 2011, lo acompañaron 50 mil seguidores. Dicen que en siglos no se veía algo así. 

Se hizo tan reconocido que los padres en Turquía llamaban Mahmud a sus hijos para que tuvieran algo de su luz. 

En el 2010, 400 eminencias del islam viajaron de 43 países a Estambul para otorgarle un reconocimiento por su trabajo en pos del islam en Estambul. Uno tras otro, hicieron filas a besar su mano.

Hacía tiempo que Mahmud no hablaba. Habían levantado en el 2011, una residencia de verano en Bursa. Allí el sheik se limitaba a contemplar a sus miles de discípulos desde una tarima. La gente viajaba días enteros sólo para ver su rostro.

El último año su salud declinó. Tenía, entre otros padecimientos, una enfermedad en los riñones. Los periódicos dijeron que asistieron a su funeral en Fatih tres millones de personas. Nunca en la historia del islam, alguien habría recibido una despedida tan multitudinaria. 

Una vez le preguntaron qué consejo daría si le quedaran tres alientos antes de morir. “Les diría que busquen el conocimiento”, dijo. “Busquen el conocimiento”, repitió. “Busquen el conocimiento”.

Que Allah eleve su estación. Y traiga más gente como él.



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