Fueron cinco días donde un niño que nadie conocía se transformó en ícono global de la esperanza. Rayan, el chico que cayó en un pozo en Chefchaouen, al norte de Marruecos, se convirtió en epicentro mediático con las grandes cadenas transmitiendo en vivo los operativos de rescate. Pero la noche del 5 de febrero, el pequeño murió. El rey de Marruecos fue el primero en dar las condolencias a los padres y el mundo, que había abrigado esperanzas, se volcó al luto y el desamparo. Más allá del final trágico, el mundo como pocas veces se unió detrás de la misma causa. Judíos, cristianos y musulmanes rogaron por él. Rayan fue una de las palabras más buscadas en las redes. Y su corta travesía por esta vida se transformó en un ícono que llegaría a considerar el 5 de febrero como día mundial de la humanidad.