Hablar de emociones puede parecer algo blando frente a la dureza de la política. Pero ocurre al revés: las emociones están en el corazón mismo de la vida pública. Para entender y enfrentar la islamofobia no basta con repetir que hay que ser tolerantes; hay que aprender a reconocer las emociones que sostienen la exclusión.
Hablar de emociones puede parecer algo blando frente a la dureza de la política. Pero ocurre al revés: las emociones están en el corazón mismo de la vida pública. Para entender y enfrentar la islamofobia no basta con repetir que hay que ser tolerantes; hay que aprender a reconocer las emociones que sostienen la exclusión.