A los gazatíes no les queda otra que esperar y rezar para que, por fin, se vean algunas mejoras en su nula calidad de vida. Confiar en que puedan recobrar sus derechos humanos, incluyendo la libertad de movimiento, es un sueño a medio y, quizás, larguísimo plazo.
A los gazatíes no les queda otra que esperar y rezar para que, por fin, se vean algunas mejoras en su nula calidad de vida. Confiar en que puedan recobrar sus derechos humanos, incluyendo la libertad de movimiento, es un sueño a medio y, quizás, larguísimo plazo.